Tengo miedo, me das miedo, he vuelto a sentir esa lavadora en mi tripa que me hace marear, que me sienta tan mal que hacen que se me salten las lágrimas, no sé por qué, pero es lo que sucede últimamente.
Me embalo, corro, y cuando veo el salto que tengo que dar me freno, me da vértigo, pero quiero saltar, quiero que se me encoja el estómago como tanto me gusta, como esos veranos en el chalet montando en el columpio, ese gusanillo en el estómago que hace ver que estamos vivas. Pero me frenas, me coges de la mano y me paras, me parece bien porque quiero seguir disfrutando de ese aire en mi pelo, de tu mano, pero me embalo y no puedo evitarlo. Por eso te siento mía, y te quiero solo para mí pero al mismo tiempo te dejo tu espacio porque aun no he de esperar, de esperarte.
Creo que el camino va a tener muchas pullitas, muchos piques, porque somos muy cabezotas, pero confío en que en la meta esté nuestra recompensa…
Sé lo que siento y creo que es más de lo que debería de sentir, pero ¿y tú? Aun miro hacia atrás cuando dices algo dulce, porque no soy consciente que la que está al otro lado soy yo, que es a mí a quien hablas, me levanto pegada al correo por si has madrugado más que yo y me das los buenos días, me pongo la radio buscando una canción para regalarte, me estanco en cada frase bonita, la leo y releo hasta que consigo aprendérmela y que así de algún modo cale en mi.
Me inflo cuando leo que soy todo lo que pediste, que gracias a mí has descubierto cosas que creías olvidadas, que has vuelto a creer y que te vuelves a sentir viva.
Créeme cuando te doy las gracias por aparecer en mi vida, por creer en mí, por levantarme del fango cuando no tenía fuerzas, por hacerme sonreír, ya no me acordaba del sonido de mi risa, de mis arrugas en la cara, de lo que era que el corazón volviera a palpitar y no de angustia precisamente.
Me muero de miedo, tengo tanto puesto que no quiero que se quede en un mero pasatiempo….
No hay comentarios:
Publicar un comentario