Todo huele a ti, tu olor se ha quedado impregnado en mí y sobre todo en mi sofá o quizá debería de decir nuestra pequeña fortaleza, ese lugar que nos protege con la ternura y suavidad de una manta y un puñado de cojines, donde nada nos importa salvo estar tranquilas y procurar que la respiración no se sincronice para evitar dormir y perder el autobús.
Bueno, hay algo que si que logra penetrar en nuestro pequeño mundo mullidito y es algo tan efímero como el tiempo, el reloj, ese que hace que nos separemos y que nuestras miradas se limiten a ciertas horas. Ese que pasa tan deprisa cuando te tengo entre mis brazos o cuando nuestros dedos se entrelazan. El mismo que no te ha dejado aun probar mi nórdico y ese que quiero que se pare cuando estoy contigo porque todo el tiempo a tu lado me sabe a poco.
A veces cuanto te echo de menos basta con cerrar los ojos para sentir tu olor, o tus brazos rodeándome, otras muchas apareces sin más, tu olor está entre esas cuatro paredes y cuando las cruzo me invade y me saca una sonrisa. Otras, no son ni siquiera un olor, aunque creas que todo gira en torno a eso, a veces son paisajes, atardeceres, acentos, melodías, colores, animales, estampas … cosas diarias que mi subconsciente te asocia y hace que me salga una sonrisa.
Siempre estás es mi.
No hay comentarios:
Publicar un comentario